lunes, enero 23

Nada puede salir mal...


Lunes 08:00 AM

En la puerta, todos han empezado la clase, llego tarde, como siempre, suspiro con fuerza, relajo mis músculos y abro la puerta, escucho risas, noto miradas fijándose en mi, y antes de que tan siquiera puedan imaginar que me pasa, sonrió, digo cualquier tontería, y sigo fingiendo.

Pasan las horas, no puedo evitar que pensamientos rondan mi cabeza, no puedo, llevo 11 años fingiendo, y he aprendido a sonreír a la vida cuando solo quise llorar, he aprendido a refugiarme en una carcasa de payaso torpe para disimular todo lo que se esconde en mi, todos esos llantos que quieren escapar, pero siempre existe ese sentimiento dentro de ti que no te deja ser feliz.

Entonces, vuelvo a suspirar, pienso, ahora estás bien, miro por la ventana, veo las nubes, tan perfectas, como si fueran de algodón, y noto una paz dentro de mi, soy yo. Nada puede hacerme sentir mal.

Poco a poco mi felicidad aumenta, me siento bien, me siento vivo, hasta que vuelvo a ese lugar que no me atrevo a llamar hogar, ¿cómo te sientes? Dolor y odio son las mejores palabras para expresar como me siento, intento llorar para desahogar mis penas, pero ya no quedan lagrimas dentro de mi, solo odio, hacia mi, hacia todo lo que me rodea, hacia esas paredes que me han visto crecer rodeado de miedo y sufrimiento, odio mi vida, odio en quien me he convertido... Entonces caigo al suelo, mis piernas no se aguantan en pie, ¿qué estoy haciendo? No puedo rendirme. Abro la ventana, dejo que el viento acaricie mi rostro y se lleve todos los malos recuerdos, miro al horizonte, fijándome en cada detalle, imaginando historias que despiertan alegría dentro de mi. Alzo la vista, un mar de estrellas inunda mi mirada, nada puede salir mal...

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