miércoles, febrero 22

Fake a Smile

Necesito un cambio, pensando en cambiar mi peinado, mi forma de vestir, sabiendo, que en unas semanas me volveré a sentir igual...

Diferente, siento que nadie se da cuenta, cosa que me alegra y a la vez me hace sentir peor, no soy nadie, solo tengo 17 años y pienso que estoy desperdiciando mi vida cada día...

Cada momento en el que te veo sonreír, en el que escuchos aquellas historias sobre tu vida, siento envidia, celos, alegría... Imaginando como hubiera sido mi vida, si no... Como hubiera sido...

Quizás fue mi destino, quizás todo este escrito, y que este aquí escribiendo esto ahora mismo forme parte de mi plan, un plan aburrido y cruel, como el ser humano.

Pero, simplemente sonríe, no dejes que nadie se de cuenta, no les importan tus problemas, no les importas tú, a nadie, día a día te vas dando cuenta. Eres muy joven, ya tendrás tiempo, dicen los que me conocen, siendo tan joven, no consigo nada de lo que me propongo, dudo que no empeore con el tiempo.

A veces solo me gustaría dormir, para despertarme con seis años, cuando todo era perfecto, cuando nada ni nadie podía hacerme daño, cuando la tristeza era efímera y lo que perduraba en el tiempo era la felicidad. Pero se que eso no pasara, acostándome sin sueño, me vuelvo a despertar, viendo esas paredes, que me han visto crecer entre llantos, voy al instituto, sin ganas, sin motivación, cosa que me duele. Duele ver como lo que un día fueron tus sueños, se van borrando en este libro que algunos llaman vida.

Una vida si no es dedicada a otro, no merece la pena ser vivida, pero, que hacer... ¿Qué hacer, si no tienes a esa persona? Me doy cuenta, que mi pasado me ha cambiado, me doy cuenta que no me deja respirar, siento que me persigue como un fantasma, invisible...

Doy media vuelta, empiezo a correr, intentando dejar todo atrás, pero siempre me alcanza, agarra mis piernas, y me tira al suelo, haciendo que me vuelva a levantar una y otra vez, pero cuando te has caído más de cien veces, empiezas a plantearte, si merece la pena volverse a levantar...

martes, febrero 7

¿Tú decides?

Tú decides. He escuchado esta frase tantas veces que al final acabo creyéndola por insistencia... Pero hoy, me pregunto, ¿de verdad yo decido? Muchos dirán, "Por supuesto que decides, es tu vida." Mi vida... Analicemos esto detenidamente.

Estamos alienados, cosa que todos sabemos, sufrimos una alienación social a la cual es muy difícil escapar, incluso yo, no somos capaces de conseguir la felicidad sin utilizar medios u objetos de los cuales podemos prescindir perfectamente, nuestra sociedad, consumista y capitalista, nos ha alienado, haciéndonos creer que para ser felices debemos hacer una cosa u otra, comprar esto o lo otro, si no, simplemente, no encajaremos, y ahora pienso, cada vez que decido: "Me gustaría tener ese televisor..." ¿De verdad me gustaría? ¿O es un reflejo de la alienación que he sufrido? Nadie es capaz de saberlo.

Nuestra mente, un mundo de conexiones, las cuales no siempre funcionan, depresión, dependencia emocional, miles de estados mentales "no habituales", me he informado; depresión, muy fácil de padecer, y muy difícil de detectar, culpabilidad, dolor, tristeza, ausencia de emoción, disforia, perdida del apetito o aumento del mismo, cansancio y muchos otros síntomas, lo que quiero decir con esto, no es más que lo siguiente, ¿cómo podemos ser capaces de saber cuando estamos siendo afectados por un estado de ánimo malo, o quizás por una depresión leve? ¿cómo puedo saber, si cuando pienso: "No quiero hacer esto" de verdad no quiero, y no estoy siendo afectado por una enfermedad?

Habrían muchos más factores que nos evidenciarían que no somos capaces de decidir por nosotros mismos, mientras que si creemos que lo hacemos, nuestra mente es un reflejo de lo que vemos a nuestro alrededor, creemos que somos únicos, pero solo somos lo que otros quieren que seamos. ¿Cómo se yo que realmente pienso esto? No lo se, simplemente esa es la realidad, no somos capaces de decidir por nosotros mismos, ¿"libre albedrío"? Lo dudo, muy pocas personas pueden permitirse el lujo de realmente poder decidir por ellos mismos.

Un claro ejemplo de que solo somos, lo que otros quieren que seamos, es tan fácil de comprobar como salir a la calle y evidenciar que estamos en una sociedad, claro, y que todos de una forma u otra somos parecidos, ¿no crees? Y cuando, vemos, que algo desentona, que algo no cuadra, que no encaja, lo rechazamos, ¿verdad? Fíjate en aquel chico que vino al instituto con esa ropa tan rara, o esa chica que se comportaba de aquella forma... ¿Los recuerdas? Quizás provienen de otro lugar, han vivido en otra sociedad, y sus decisiones han sido influenciadas por personas que aceptan eso, pero, al entrar en esta, nuestra sociedad, se ven rechazados, porque somos lo que otros quieren que seamos, y el claro ejemplo es que cualquier comportamiento diferente al "habitual" es rechazado, ¿por qué? Porque la sociedad lo ha rechazado, y simplemente somos, un reflejo de nuestra sociedad. Unos más, y otros menos, pero todos, al final, no somos tan diferentes.